miércoles, 26 de diciembre de 2012

Lugo, Calígula y Rasputín; tanta similitud hasta no parece casualidad


La historia universal registra a personajes siniestros, que poseídos de una locura de superioridad se creyeron con derecho a consumar sus más inescrupulosos deseos y a satisfacer sus más impúdicos apetitos. Ese desorden mental los llevó a creer que nadie tenía autoridad para reclamarles por sus actos, porque ellos mismos estaban a la altura de los dioses y muy lejos de inferioridad humana. Fernando Lugo fue uno de ellos.

Cuenta la historia que, en el antiguo Imperio Romano, el hombre que más desarrolló sus instintos lujuriosos, y los llevó a la práctica, fue Cayo Julio César Augusto Germánico, conocido simplemente como Calígula. Le atribuyen desde abusos de novias en noches de boda hasta incesto, pasando por bacanales con prostitutas y algunas esposas de sus hombres más cercanos. Aseguran que Lugo casi rayó los mismos límites. La concupiscencia fue uno de los factores que impidieron al ex Presidente de la República que intentara, por lo menos, gobernar el país.

Al derrotar al Partido Colorado, después de sesenta años de hegemonía, Lugo se creyó con derecho a la impunidad, que ese hecho era suficiente para que la ciudadanía y la clase política adversaria a la Asociación Nacional Republicana le perdonaran todos sus exabruptos y desmanes.

Calígula, incluso, fue un poco más recatado. Porque nombró cónsul a su caballo, mientras Lugo designó a verdaderos burros para desempeñarse en cargos de relevancia dentro de la administración pública. Muchos de ellos tenían la exclusiva misión de recaudar para financiar los placeres mundanos de quien los ubicó en el cargo.

Tanto Lugo como Calígula se aprovecharon de su posición para abusar de indefensas mujeres.

Lugo es del linaje de Judas Iscariote. Aquel descarriado discípulo de Jesús que no sólo le entregó a sus verdugos, sino que metía la mano en la bolsa de las ofrendas, como lo describe Juan (12:3-6). Fernando Lugo rompió su relación con Dios para unirse al culto de Calígula.

Hay, también, mucha similitud entre Fernando Lugo y Gregori Efimovich, quien se hizo célebre con el nombre de Rasputín. Tanto uno como otro trataron de presentarse como hombres de Dios cuando, en el fondo, nadaban en una vida libertina, cargada de gula, alcohol y lujuria.

Este es el Fernando Lugo que hoy la izquierda opulenta quiere reivindicar. Nuestra obligación como ciudadano es desnudarlo en su verdadera personalidad. Sobre todo, en estos tiempos en que abundan los falsos Cristo y los falsos profetas, tal como ya nos advirtiera Jesús dos mil años atrás.

Fuente: http://bit.ly/WR3hme

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